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Durante la antigüedad
ningún árbol fue tan útil, tan valioso, ni
tan venerado como el olivo. Símbolo de la fertilidad, la
belleza y la paz, prestaba sus ramas para la coronación de
los vencedores en juegos pacíficos y en sangrientas guerras.
Luz, medicamento, ungüento ritual, perfume, lubricante, constituía
un alimento indispensable y el culto a los muertos era inimaginables
sin él.
El origen de su cultivo se pierde en el tiempo y su expansión
se confunde con la de las civilizaciones mediterráneas.
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