Los algorines y la muela
Todo molino aceitero contaba con un espacio (algorín)
reservado
para almacenar el fruto que aguardaba a la
molienda,
a una temperatura constante para evitar que
pudiera fermentar, lo que podría incrementar la acidez del
aceite hasta estropearlo.
Las olivas se llevaban en espuertas hasta la muela cilíndrica
cuyo peso trituraba el fruto sin separarlo del hueso y así se obtenía una pasta homogénea, espesa y pesada. Una mula uncida al eje de la piedra, giraba y giraba sin parar, mientras
que las demás comían en un pesebre, cerca de los algorines, aguardando su turno para mover la piedra.
Con la llegada de las nuevas tecnologías, la fuerza animal fue reemplazada por la energía eléctrica. En época reciente se incorporaron la tolva de alimentación de las olivas y la
corredera, pieza que removía la pasta sobre la solera para
dejarla en el camino que recorría la muela.
La pasta molida se colocaba entre capachos o espuertas y
con el prensado se iba extrayendo el zumo oleoso. El sólido restante (el orujo de oliva o cospillo) se utilizaba como combustible.