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Este patrimonio vivo, herencia
de generaciones pasadas es también símbolo de la civilización
mediterránea, a la que ha proporcionado tradicionalmente
alimento, medicina, combustible, abono y aceite para socializar
sus ritos.
Su aportación a las economías rurales del Somontano
ha sido decisiva, ya que en el pasado, de la cosecha de olivas dependía
la miseria o el desahogo de muchos de nuestros pueblos.
Esta dependencia dio lugar a multitud de fiestas, mitos, creencias
y rituales, que no tenían otro objeto que propiciar la fecundidad
de las oliveras.
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